jueves, 25 de noviembre de 2010

Encuentro con Fernando Argenta (I): "Me comunicaron el fin de 'El Conciertazo' con cuatro días de antelación"

Fernando Argenta y un servidor ya nos habíamos encontrado otra vez. Yo, como oyente incondicional de sus Clásicos populares, contacté con él en 2008, año en que la implacable dirección de RTVE cual cazador furtivo extinguiera sin ninguna piedad un ejemplar único en su especie: su modelo divulgativo de programa radiofónico musical de referencia en nuestro país. Quería que me concediera una entrevista en persona, ya que necesitaba la misma para una de las asignaturas que llevaba en mis estudios aquel año. El lugar de la misma fue Radio Nacional de España, minutos después del programa. En aquella entrevista (de la que guardo un grato recuerdo) traté de dibujar un perfil o semblanza de su carrera profesional en su conjunto, además de charlar sobre su padre, Ataúlfo Argenta, cuando se cumplía medio siglo del fallecimiento de una de las más soberbias batutas de nuestro país.



En el caso de esta cita acordé encontrarme con el popular divulgador de música clásica en la salida de la Estación de Aravaca. La excusa, que me hablara de cómo le iba su vida en estos dos años de ausencia en el Ente Público, y de paso, conversar sobre su último libro editado, Los clásicos también pecan [que reseñaré en la entrada "Encuentro con Fernando Argenta (II)"], un atractivo acercamiento a la faceta más humana de los grandes músicos.

Una vez elegida cafetería, y servidos oportunamente con café y bollo, me interesé como digo en saber qué ha hecho el bueno de Fernando en estos dos años desde que fue apartado de RTVE. Me informa de que termina de acabar la Pequeña Historia de la Música, libro que forma parte de una colección para niños (me ha adelantado que saldrá estas Navidades): "es otro libro que he escrito, estoy metido en métodos de pedagogía musical (palabra que sinceramente no me gusta, hoy muchos se las dan de pedagogos), de enseñanza, de divulgación para escolares. Estoy haciendo conciertos para niños como siempre, desde hace treinta años, con orquestas (Málaga, Canarias) y con bandas, hago conferencias, me brindan invitaciones a emisoras de radio y televisión para colaboraciones esporádicas...".

Asimismo, el modelo de programa infantil que representa El Conciertazo se ha implantado estos años en la televisión italiana, concretamente en la RAI Tre, donde se dispone de una orquesta de radio y televisión pública, y todo gracias a la adaptación del programa por la polifacética Raffaella Carrá. Fernando desvela que, según le aseguraron en otras televisiones, ese formato de programa era costosísimo, por lo que un programa infantil debería hacerse mucho más barato (como si los niños se merecieran mucho menos). Por otro lado, en Sudamérica  los programas de El Conciertazo se están emitiendo dos veces por día y están siendo recibidos con niveles de audiencia sorprendentes. Ahí sí que saben lo que es un programa de calidad.

Respecto a lo que piensa cuando echa la vista atrás (respecto a lo que antes hacía) se sincera conmigo diciéndome: "dentro de mis posibilidades y limitaciones he hecho lo que he podido y tengo la conciencia tranquila. A mí me gustaría ser lo más serio posible, riguroso en otras cosas. Si yo hiciera caso a las críticas mal iríamos, en la música clásica no debería ser así, debería ser como en Alemania que es una cosa natural".

Asegura que aquí en España, "tienes que hacer el pino para que la gente te escuche. Intento que las críticas no me condicionen, si no me terminaría convirtiendo en uno de ellos, que sería el error máximo, seguiríamos en ese circulito cerrado, exclusivo, que hace un daño a la música clásica tremendo. Ésta tiene que abrirse sin renunciar a la calidad" (asegura que "al niño se le tiene que dar un mínimo de calidad, yo no le pongo una orquesta de chunga chunga, si traigo un pianista, que sea bueno").

Volvemos a la infancia y lo que él consiguió con su programa El Conciertazo: "Lo que es antipedagógico (con todos los horrores que me da esa palabra) es que el programa sea aburrido, entonces la has fastidiado. Ese concepto prejuicioso que tienen los niños de que "la música clásica es aburrida" está generado por la misma sociedad... La primera cosa es que escuchen, y que escuchen algo que les pueda seducir, porque a un niño no le puedes poner por maravillosa que sea la 9ª de Bruckner. O tampoco pretender que el niño se quede pegado a la silla, porque sale de allí con una furia que ni Jack el Destripador...".


 

Con sólo 15 días de adelanto le comunicaron el final de Clásicos Populares: "A otros ni eso". Pero lo más grave fue con su programa de La 2 para niños El Conciertazo: "Estábamos ensayando dos Conciertazos y me lo comunicaron esa semana; habíamos planificado todos los Conciertazos del mes de otoño, pagados, y todo ese dinero se tiró a la basura, nos dijeron un lunes que el viernes de esa semana dejáramos de grabar. Y se fueron a la calle 30 personas sin preaviso y sin nada, tiramos todos los guiones, los contratos pagados... Todo".

Un mazazo e indignación, eso es lo que siente cuando le comunican el cese del programa y la obligación de acogerse por su parte al ERE masivo que ha desterrado generaciones de auténticos profesionales en el Ente Público, tanto en radio como en televisión. "Se han cargado una tradición de muchos años, se han cargado RTVE". Asegura que los que han entrado no están familiarizados con dicha tradición de hacer las cosas. Él mismo aseguró en antena en uno de sus últimos programas, que la becaria que le habían colocado en Clásicos Populares no tenía la culpa de no conocer la dinámica del programa (en uno de los que peor salieron de todos), sino que la verdadera culpa residía en aquellos que la habían puesto allí, a ocuparse del espacio (confiesa Fernando que ese día consoló a la pobre chica, ya que estaba llorando ante su incapacidad en la parte técnica del programa). Y Fernando lo dijo en antena, no tenía nada que perder, ya tenía un pie fuera de la casa.

Otro curioso caso es cuando Fernando se dirigía al directo en uno de sus últimos Clásicos Populares, uno de los nuevos trabajadores de la casa le pregunta: -¿Usted adónde va? ("¡No me conocía!") y Fernando responde: -A continuidad de Radio 1. A lo que el trabajador le sugiere: -¿Quiere que le acompañe? Fernando, tras negarse, no pudo evitar pensar aquello de: -No, gracias, llevo 40 años en esta casa, chaval.

Pero el mazazo y la indignación que sintió al conocer su destierro de RTVE fue "más por ellos (sus compañeros) que por mí. -Tú te vas a ir cobrando tu sueldo, nos dijeron a unas 4500 personas, ¡una inmoralidad!, desde los 52 años, que estás en lo mejor de tu profesión te vas a tu casa. 13 años de vacaciones pagadas a costa del dinero de todos los bolsillos. ¿Eso cómo se come? En un momento en que la sociedad está con mil euros sobreviviendo. Además muchos de ellos siguen trabajando: iluminadores, cámaras...". Pero Fernando asegura que él respecto a su trabajo era un vocacional: "me quitaban un trabajo enorme pero también un disfrute aún más enorme. Había muchos colaboradores con dos niños que se quedaban en la calle en una semana. Y estaban llorando por los pasillos. (-¿Literalmente?; -Literalmente). Y algunos trabajadores fijos lloraban porque desde hacía 9 años formábamos un equipo con una ilusión fantástica, creíamos en lo que estábamos haciendo porque era servicio público y de la noche a la mañana todo se venía abajo. Sentí impotencia en esos momentos, hacia un señor (el director) al que no puedes ni rebatirle un argumento porque no te da lugar a eso".

Le pregunté acerca de si intentó resucitar en otras emisoras el programa que con esfuerzo y dedicación pudo mantener 32 milagrosos años en RNE: "sí, lo intenté, pero me ofrecían microespacios de 15 o 20 minutos. Tendría que sintetizar mucho". A todo ello se unía la falta de independencia de las cadenas privadas (donde tendría que estar atado a intereses publicitarios y comerciales), independencia que sí le daba RTVE ("sinceramente, desde siempre me han dado libertad para hacer lo que yo quería"). Por ahora, según él, con las cosillas que le salen se conforma: la más curiosa, su próxima colaboración en el programa de televisión El Intermedio (donde le han propuesto hacer de tutor musical de un niño no familiarizado con la cultura llevándole a un concierto de música clásica). Casi ná. "Y encima se graba el día del Barça-Madrid. ¡Mecachis!".


ANÉCDOTAS

En el transcurso de la entrevista, Fernando me relató algunas curiosas anécdotas que le habían ocurrido como presentador de conciertos y como entrevistador. He aquí tres de ellas:

  • Encontrándose un día en un concierto didáctico para niños en la sala de cámara del Auditorio Nacional de Madrid, el prestigiosísimo violonchelista ruso Mistislav Rostropovich (que se encontraba por ahí para dar un concierto en otra de las salas) se dirigió a Fernando para pedirle tocar con su violonchelo a aquellos niños. El silencio fue expectante. La ovación, tras un fragmento de una suite para chelo de Bach, clamorosa. Conclusión a la que se llega: la genialidad es así de grandiosa, un dios del violonchelo se rebaja ante un presentador de un concierto infantil para que le deje tocar su intrumento a unos cientos de niños. Los mediocres no obran así, son orgullosos y altivos.

  • En otro concierto en el Teatro Monumental de Madrid, Fernando pidió al gran tenor Plácido Domingo que dirigiera alguna pieza sencilla en el concierto didáctico que estaba programado para el día anterior en el Teatro, o simplemente, brindara con su presencia a la multitud de espectadores infantiles. Domingo, que se encontraba cantando Otello en el Real, aseguró que esa noche no podría dormir tras la función de la ópera de Verdi (el papel de Otello es de una tensión dramática y actoral como pocos), y por tanto, le comunicó que sería imposible, ya que no habría descansado nada por la noche. Le preguntó, no obstante, la hora a la que sería el concierto, a lo que Fernando le respondió que a las 11:00 de la mañana. Héteme aquí (como diría el propio Fernando) que al día siguiente llegó la hora del concierto didáctico y allí estaba tan plácido el señor Domingo. Esto no lo hace todo el mundo...

  • Para realizar una biografía sobre su padre, Ataúlfo Argenta, necesitaba argumentos de autoridad por parte de algún prestigioso director de orquesta para ver si le declaraba (grabándolo, por supuesto) que su genial padre fue precisamente eso, un genio de la batuta. Eligió a alguien que hubiera conocido a su padre, y este fue el italiano Carlo Maria Giulini,  aprovechando que se encontraba de viaje de placer por España en aquel momento. Giulini convino con él en concederle sólo 10 minutos de entrevista. Fernando se había llevado una grabadora de las antiguas, muy costosa y difícil de transportar. Le daba a grabar y nada, el aparato no quería. Pasaban los minutos, el maestro Giulini esperando impaciente, Fernando rojo como un tomate manipulando la dichosa grabadora pidiendo disculpas al maestro. El tiempo otorgado estaba a punto de concluir cuando Fernando da con el problema: ¡había colocado la cinta de grabación al revés! Al final sólo le pudo sacar unas pocas palabras al maestro Giulini sobre su padre, ya que su mujer y el Museo del Prado le esperaban. La tecnología (como a casi todo el mundo) le había jugado una mala pasada.


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